jueves, 11 de febrero de 2016

COLONIA SUIZA (Bariloche)

COLONIA SUIZA (Bariloche)

Estas líneas se escriben desde Chile, a la espera de que salga nuestro transporte para San Pedro de Atacama. Ya que el tiempo empieza a contar marcha atrás, a la hora de regresar a ver a la familia. Así hemos decidido optar por el transporte con horarios fijos, para llegar a nuestro destino sin sobresaltos, y empezamos con retraso ya que el bus que nos tenía que llevar se ha roto y lo tienen que cambiar por otro.

En cuanto a nuestras andanzas por Colonia Suiza se resumen de la siguiente manera. Nuestra primera intención era ir a Bariloche, lugar que tanto nos habían insistido, pero que posteriormente nos enteramos que era un destino un tanto cheto (pijo) y de juergas pre-universitarias. Habíamos oído campañas sobre Colonia Suiza, y terminamos por concretar con la recomendación de nuestro hospedador en Lago Puelo. Por lo que una vez extendimos nuestros pulgares, tras cierto periodo de espera, nos acomodamos en una furgoneta de una pareja joven, a la que les indicamos nuestro deseo por llegar a Colonia Suiza, y es así como ellos se desviaron de su camino para acercarnos a la conocida localidad, y de paso que nos dejaban allí, turisteaban un tanto.

Al no tener todavía tienda de campaña (o carpita, como dicen por allá), y al haber improvisado en el camino, nos vimos abocados a alojarnos en un curioso hostel, a modo de cabañita de madera. Tras acomodarnos, dimos un pequeño paseo, descubriendo un pequeño pueblo, con casas al estilo norte europeo y con gran cantidad de puestos de artesanía. Todo parece ser debido a que los primeros colonos que se asentaron en la zona eran de  procedencia suiza. También fuimos a un mirador en lo alto de una loma, con cierta dificultad en el acceso, y desde la cual pudimos apreciar el pueblo y la zona de los lagos rodeados de verdes cerros, con una imagen de postal bastante linda.

Al regresar a nuestro alojamiento, paramos por una huerta-granja ecológica donde compramos unas deliciosas cerezas, probando las grosellas y frambuesas del lugar; yéndonos con un dulce sabor en la boca.

A la mañana siguiente madrugamos, y tras un pequeño desayuno, con mucho ánimo, emprendimos la caminata hacia el Cerro López. El paseo resulto un tanto empinado en los primeros tramos, pero como viene siendo el caso, satisfactorio al poder contemplar unas vistas generales, desde las alturas y donde poder apreciar la zona de los Siete Lagos, además de las cumbres nevadas. Tras unos minutos de contemplación ensimismados en en el paisaje y recuperando el resuello, decidimos emprender el camino de vuelta, descendiendo prácticamente al trote.

Una vez en la Colonia abordamos a una pareja para ver si nos podían acercar a. Bariloche, y en un principio nos negaron su amistad, pero más tarde al vernos buenos chicos, se apiadaron de nosotros levantandonos en la ruta y dejándonos donde queríamos. Una vez allí resulto un tanto complicado la competencia entre mochileros para conseguir que nos acercaran a nuestro próximo destino, pero la casualidad quiso que un padre y su hijo nos llevarán a nuestro próximo destino, contándonos diversas historias sobre el lugar y más aún en concreto la existencia de una supuesta casa donde moró sus últimos días Hitler, ya que al parecer la historia oficial oculto su huida y posterior destino.

lunes, 1 de febrero de 2016

EL BOLSON

LAGO PUELO - EL BOLSÓN 

Y llegamos al Bolsón tras unas cuaaaantas horas de viaje. Nos pusimos en contacto con Javier, nuestro cs en Lago Puelo, población a unos 15 kms. Así que nos dio las indicaciones necesarias y al ratillo ya estábamos por allá.

Una casa muy linda de madera, una persona increíble y unxs cuantxs couchsurfers harían de nuestra estadía en el lugar una muy buena experiencia.

El primer día aprovechamos para pasear por el Parque Nacional de Lago Puelo. Javier nos prestó un mapa y dio las indicaciones necesarias.
Comenzamos con una buena subida, y tras encontramos con nuevas marcas en el camino, decidimos continuar, pero poco a poco nos dimos cuenta que nos habíamos metido por la zona de parque asolada por un incendio en el verano del 2014. Una gran tristeza nos invadía a medida que avanzábamos hacia ninguna parte, entre resbalones por las cenizas del terreno, que impedían a nuestra zapatillas adherirse...realmente desolador, así que decidimos bajar hacia el lago. Caminamos hasta el mirador y de ahí a la playita, el calor era sofocante y necesitábamos de un descanso bajo la sombra de los árboles.

Comimos una deliciosa y refrescante ensalada y tomamos una rica siesta, a los pies del gran y precioso lago.

Después continuamos realizando otras rutas más cortitas entre las luces y sombras de los árboles.

Al día siguiente decidimos hacer la caminata al cerro Piltriquiltron, en. Mapuche significa "colgado de las nubes", y si, tiene un nombre prácticamente impronunciable, vamos, que aún pensándolo tres veces cuesta decirlo. 

Una familia nos acercó hasta la plataforma de estacionamiento y comenzamos a subir de a poquito hasta que llegamos, en una hora al refugio, una vez allí tuvimos que registrarnos por sí nos perdíamos, no volvíamos o algo por el estilo, y ahí comenzó la ascensión, bastante pronunciada al comienzo, intercalando después zonas de tregua. El paisaje increíble, el día soleado y precioso a más no poder. Recargamos la botella con agua del arroyo y de paso nos refrescamos un poquito para poder continuar. Lo mejor aún estaba por llegar, una ascensión entre suelo movedizo cargado de piedritas y no tan piedritas, mezcladas con arena, lo que hacia que nuestros pies bailaran sin apenas avanzar...y llegado un momento, casi a gatas, agarrándonos a las rocas, continuamos avanzando hasta llegar a la cumbre, y lo que desde allí pudimos observar fue tan impactantemente bello, que todos los sudores, sufrimientos y males menores fueron sustituidos por una sensación de pequeñez frente a la inmensidad de la naturaleza. Una vista de 360* que alcanzaba a ver la cordillera andina nevada, el volcan Osorno, el Tronador, y el Lago Puelo. 
Para bajar, una pareja joven nos acercó hasta El Bolsón, donde aprovechamos para comunicarnos con la familia, buscar información y hacer algunas compras de comida.

Cuando llegamos a casa ya estaban por allí Mer, Ari y Gabi, tres argentinas viajeras, con las que disfrutamos de unas ricas pizzas vegetarianas hechas a base de remolacha, albahaca y queso, unas risas y buenas conversaciones.

Al día siguiente optamos por descansar un poco, estábamos agotadxs de tanto trekking, así que decidimos ir a una pequeña cascada y refrescarnos en el río, que por cierto estaba realmente helado... De vuelta pasamos por casa y nos encontramos con Ximena, amiga de las chicas, por lo que nos fuimos con ella a la zona del lago.

Por la noche celebramos el cumple de Ari con una rica barbacoa, o como dicen por acá, un asado y unas deliciosas hamburguesas de lentejas que preparo Javier.

Millón se emocionó con el asado y lo disfrutó muchísimo.

Al día siguiente nos fuimos todxs al río. El agua helada pero con el calor que hacía se agradecía ese momento de frescor. 
Miqui junto con Javier y Milton se metieron con los snorkle y las aletas, dejándose arrastrar por la corriente del río que los arrastraba hasta la parte de abajo, sorteando los pedrolos con las manos y jugueteando con los peces, que parecían burlarse de ellos mientras trataban de pescarlos con una especie de lazo, que un señor les hizo, con el que había pescado un salmón de 7 kg, muy fuerte.
Miqui disfrutó al máximo, hasta tal punto, que salía del agua heladito del frío.

Decidimos quedarnos un día más para poder hacer el trekking del Cajón Azul. Llegamos a dedo y comenzamos la ascensión. No parecía demasiado dura, alternaba zonas de subida con otras de no tanta. 
Nos cruzamos con harta gente cargada con sus mochilas para acampar. Tras casi 3 horas de caminata, llegamos al nacimiento del río Azul, en honor a su precioso color azul, valga la redundancia. Comimos en las rocas junto al río, nos refrescamos y hasta pudimos tumbarnos un poco la siesta, para después retornar, haciéndosenos un poco cuesta arriba por el cansancio acumulado.

Nos tocaba montar nuestras mochilas y emprender nuestro viaje de nuevo en dirección a nuestro siguiente destino, Bariloche

jueves, 28 de enero de 2016

EL CHALTEN

EL CHALTEN

Esta vez no funciono el dedo y tras cierto tiempo de espera, cogimos un colectivo que nos dejó en la localidad del Chalten. Nos habían puesto sobre aviso de lo caro y poca oferta de alojamiento, sin embargo tuvimos la suerte de encontrar un albergue incluso más barato que en Calafate.

A la mañana siguiente madrugamos para hacer el trekking del Fitz Roy, una preciosa caminata muy bien señalizada entre bosques de Lenga y coipes, y que en la última hora se empinaba y complicaba entre piedras y areniscas, hasta llegar al premio final de una vista única, con un lago celeste bañando las lomas del pico y sus compañeros, todos ellos extrañamente nevados, ya que la forma puntiaguda hace imposible que se acumule la nieve. Permanecimos unas horas disfrutando de tan espléndido paisaje, atesorando el momento único, interrumpiendo lo de vez en cuando con la toma de alguna instantánea, que hiciese justicia a la belleza que contemplamos. También nos asomamos a su flanco izquierdo para ver a tan extraño compañero, al que llaman cerro Torres, bañado por otra preciosa laguna.

A nuestro regreso, viéndonos sobrados de fuerzas, nos animamos con la caminata que se dirigia a una pequeña cascada, donde terminamos refrescando nuestros cansados pies.

El día de nochevieja, contraviniendo toda celebración anterior, lo dedicamos a realizar otra caminata que nos habían recomendado, correspondiente a la loma del pliegue tumbado. Donde pasamos por distintos paisajes, entre bosques y praderas, desde las que divisar la meta del cerro Torres. Una vez en la loma del pliegue, nos animamos, tras la cabezoneria del que escribe, en coronar la montaña, cuyo desnivel nos desalentó en unos primeros minutos, pero que al completarla nos regalos unas preciosas vistas de 360 grados de toda la cordillera y lagos circundantes. Añadiendo otro increíble paisaje a nuestra mochila de experiencias y sensaciones vividas, valorándolo como uno de las mejores caminatas realizadas por la zona.
A nuestro regreso nos paramos tranquilamente a disfrutar de la flora del lugar, con extrañas flores acampanadas, de intensos colores amarillos y anaranjados, y un tiempo después almorzamos en una tranquila pradera.
Una vez llegamos al albergue, tomamos una reparadora ducha e iniciamos los preparativos de la cena de fin de año, compartiéndola con un pequeño círculo de amigos con los que coincidimos en el lugar. El menú constó de unos elaborados pimientos rellenos de verdura y queso, completados con unas patatas al horno con una salsa picante y un rico guacamole mexicano, que preparó una pareja formada por un mallorquín y una mexicana. Nos acompaño también una escuálida estudiante alemana, e incluso a última hora se incorporó un camarero argentino que gestionaba el hostel, así como una troupe de Israelíes. Todo ello se regó con abundante vino peleón, y contagiamos a todos de nuestra alegría y extraña forma de celebración, tomando pasas en lugar de uvas, al son de unas campanadas que habíamos grabado anteriormente con una cazuela y cuchara.

El día de año nuevo, para no perder la tradición, lo dedicamos a reponernos de una noche tan ajetreada. Mientras que al día siguiente a primera hora intentamos mediante el dedo, llegar a la zona del bolsón, misión que nos resulto del todo imposible, teniendo que tomar finalmente un autobús hasta la localidad de Perito Moreno, donde tomamos otra combinación hasta el Bolsón.

La profunda huella que nos dejó esta localidad ha perdurado sin duda en el tiempo, recordándola como uno de los mejores sitios que hemos visitado en argentina y en el sur del continente, mucho más que la tal vez sobrevalorada Ushuaia, de reciente creación y bastante orientada al turismo de montaña, pero con actividades y caminatas autodidactas y de total gratuidad, si eres independiente y curiosa

miércoles, 20 de enero de 2016

EL CALAFATE

EL CALAFATE

Nos costó llegar a El Calafate desde Puerto Natales. Quedando varados bastante tiempo en Río Turbio, ya que el tránsito de vehículos era menor y el de auto-stopistas mayor, llegandonos a juntar 6 parejas haciendo dedo en la ruta. Finalmente un chico que iba Rio Gallegos, se ofreció a acercarnos hasta Esperanza, en el desvío hacia El Calafate, y allá nos levantaron tres chicas muy simpáticas que iban de fin de semana. 

Nos hospedamos todxs en el mismo hostel, y como agradecimiento, preparamos una rica tortilla de patatas y unas cervezas y cenamos todos juntxs.

Nos fuimos a descansar, ya que al día siguiente queríamos madrugar para ir al glaciar Perito Moreno.

Bien tempranito sonó el despertador, con legañas en los ojos, desayunamos y salimos hacia la ruta.

Después de un buen rato esperando, y con cierto sueño, tuvimos la gran suerte de ser levantadxs por un señor, que muy amablemente nos llevó hasta la mitad del camino y de ahí nos recogieron unas francesas, madre e hija, que estaban paseando por Argentina. 

Y llegó el gran momento de disfrutar de una de las maravillas de la naturaleza más increíblemente bellas, el glaciar Perito Moreno.

Comenzamos a pasear por las pasarelas metálicas habilitadas para realizar los distintos recorridos entorno al glaciar, y de repente...ante nuestros ojos apareció como surgido de la nada, un pedazo inmenso de hielo en mitad del agua, con ciertas tonalidades azules y que, de vez en cuando, rugía fuertemente al desprenderse grandes trozos de hielo y caer al agua.

Ya se que a lo largo de este blog hemos utilizado muchísimas veces palabras como increíble, espectacular, impresionante, pero cuando te ves frente a ese pedazo de monstruo de hielo, no hay palabras que describan algo así. Te entra una emoción tan grande, es algo tan mágico, que te dan ganas de llorar! Hay que vivirlo para sentirlo.

Dedicamos todo el día para pasear y disfrutar de las diferentes vistas del glaciar, desprendimientos, capturas de fotos, e incluso alguna que otra cabezadilla para poder continuar.

Sobre las 18h, decidimos que era la hora de partir. Nos pusimos a la salida de la zona de estacionamiento, y sacamos nuestro pulgar nuevamente y zas, sorpresa, una familia brasileira nos acogió en su auto. Estaban paseando por Argentina con su hijo de 12 años, celebrando su luna de miel, tras 12 años juntxs se habían casado.

Eran muy simpáticxs y agradables, fuimos charlando durante el viaje y aconsejándoles sobre lugares para visitar. Nos dejaron en la puerta del hostel, menuda suerte la nuestra.

El día siguiente lo aprovechamos para descansar un poco de tantas emociones, paseando por la costanera que, el día anterior nos sorprendió tanto, al devolver una imagen reflejada de la cordillera toda nevada en el lago Argentina; lamentablemente el tiempo no acompaño impidiendo que se repitiera tan mágico instante. 

jueves, 14 de enero de 2016

PUERTO NATALES - TORRES DEL PAINE

PUERTO NATALES - TORRES DEL PAINE

Llegamos a puerto natales después de hacer dedo en la ruta, y tras una gran espera debido al poco tránsito de vehículos, levantandonos al final un bus que hacia el recorrido, y al no tener efectivo nos llevaron hasta el destino sin pagar peso alguno.

Encontramos fácilmente la casa de nuestros anfitriones, una familia un tanto peculiar, que te facilitaba el alojamiento a cambio de alquilar el material de acampada para hacer el circuito de Torres del Paine. Así tras una pequeña charla, nos informaron de los pasos a realizar, acudiendo a reservar las plazas de camping gratuitos, junto con la información y mapas del parque; después hicimos las compras de víveres en vista a los futuros 4 días de treking, tomando la drástica decisión de no llevar alcohol u otro comestible que hiciera referencia a las celebraciones navideñas, para reducir en todo lo posible cualquier sobrepeso innecesario, prometiendonos disfrutarlas a la vuelta de esta nueva aventura.

Por la noche cenamos junto con una pareja vasca que nos contó un poco su experiencia y consejos del parque, ya que habían vuelto ese mismo día, uniendose posteriormente unas chicas francesas con el mismo cometido. Tras la cena preparamos nuestras mochilas, dejando los bultos mayores en la casa y nos fuimos pronto a la cama, ya que al día siguiente madrugábamos para llegar pronto a nuestra cita con la montaña.

Tras un buen desayuno, nos pusimos a hacer nuestro pertinaz auto-stop en la carretera, un acto que se ha convertido en todo una adicción por conocer gente nueva y amable, permitiéndonos conversar con los oriundos del lugar y recogiendo en todo momento los consejos y recomendaciones de los sitios e imperdibles a visitar. De esta manera tras una furgoneta y dos buses llegamos a nuestro destino.

Una vez allí hicimos el pago y la inscripción en el parque, donde nos dieron una pequeña charla sobre el cuidado y respeto del lugar, así como la necesidad de no tirar residuos y traérselos de regreso a la ciudad. El día amaneció nublado, con una lluvia constante durante la noche. Sin embargo parece que el agua nos respetó nuestro comenzar de la caminata y a los pocos metros conocimos a un chico de Barcelona que estaba estudiando en Valparaíso, acompañándonos en un principio hasta la siguiente parada, y con el que terminamos haciendo muy buena amistad y compartiendo nuestra experiencia.
La tregua del tiempo no duró mucho, y ya nos lo habían avisado, ya que existe una máxima que dice que en el Parque puedes sufrir las 4 estaciones en el mismo día, y podemos afirmar que es totalmente cierto.
Salimos de la administración a mediodía y llegamos a la parada que habíamos establecido como avituallamiento en el refugio Paine Grande, donde paramos a reponer fuerzas y resguardarnos un tanto de la lluvia que comenzó a caer con bastante fuerza. Tras la comida salió el sol y continuamos nuestro caminar a buen ritmo, manteniendo animadas charlas y disfrutando de un maravilloso y cambiante paisaje, es así como en cierto momento avistamos un enorme trozo de hielo azul intenso flotando en el agua de un lago turquesa, y tras nuestro primer asombro, encontramos más y más pedazos flotantes, hasta que en lo alto,de una loma divisamos la lengua viperina del glaciar Grey. La visón nos dejó sin habla alguna, parando para disfrutar de tan singular espectáculo, y cuando continuamos la marcha, el hielo, la nieve y las amenazantes nubes nos acompañaron, hasta que llegamos a la,bases del camping de pago Glaciar Grey. Por indicaciones de nuestros colegas vascos, nos colamos en el campamento, instalando nuestra carpa, y evitando en todo momento llamar la atención. Preparamos la comida en un comedor comunal habilitado para ello y nos fuimos pronto a la cama.
Al día siguiente madrugamos, desmontando pronto el campamento y desayunamos un par de tes calentitos, y dejamos el equipaje en el comedor, acercándonos a contemplar el glaciar desde un mirador próximo. Desde allí tras la habitual sesión de fotos, regresamos a recoger nuestras cosas, y caminando de vuelta al camping del principio, donde tomamos un pequeño refrigerio, tomamos el camino que nos llevaba hacia el campamento Italiano. En este nuevo tramó la violencia del viento llego a ser casi insoportable, llegandonos a tirar, empujandonos a correr y en ciertos momentos nos volaba hacia el costado, extremando las precauciones por la dificultad del terreno, al ser una zona rocosa y de precipicios. No por ello cejamos en nuestro empeñó, y con una marcha constante alcanzamos el campamento, instalandonos. Tras la cual nos aventuramos a visitar el mirador francés, desde donde disfrutamos de unas vistas impresionantes del glaciar y la montaña completamente nevada, acompañada de amenazantes nubes y de un viento fuerte que azotaba en todo momento. El cansancio y e temporal nos impidió llegar al mirador británico, por lo que regresamos a nuestra base.

Al la vuelta , con bastante fresquito, nos metimos en la carpita para descansar un poco. Al despertar Albert estaba preparando espaguetis para todxs, acompañamdolo  con una deliciosa crema de tomate de sobre. Después reponer fuerzas nos fuimos a dormir, ya que intuíamos que el nuevo tramo a realizar sería más largo y arduo que el de anteriores días. Llovió e hizo frío durante toda la noche, lo que nos impidió descansar correctamente, junto con los inconvenientes habituales de la ropa y usos de acampada todos mojadados. Pero no por ello nos arrendamos y después de un desayuno calentito, cargamos nuestras mochilas en ruta hacia el campamento Torres, situado en la ladera de los famosos picos que dan nombre al parque nacional. Pero con cierto temor, debido a la previsión del tiempo, con rachas de vientos superiores a 90kms, y con un cielo gris nada halagüeño, además de un kilometraje superior al de otros días. Sin embargo cumplimos nuestro cometido de un modo bastante notable, casi sobresaliente, a lo que ayudo un tiempo que llego a ser incluso de sol radiante en una de las paradas técnicas para reponer fuerzas; comenzando a llover e incluso nevar a la llegada al refugio Chileno, donde nos resguardamos y comimos calentito. Aprovechando nuestro desparpajo y que había unas excelentes duchas en el lugar, tomamos unos reparadores baños, que permitió celebrar el día de nochebuena aseados y con buen olor corporal, desde allí al campamento Torres tuvimos una caminata de apenas una hora, con bastante ascenso, pero que realizamos de manera muy optimista al ver completado el camino en buen tiempo de marcha.

A nuestra llegada al campamento Torres, nos registramos e instalamos nuestras carpitas. Disfrutando de un momento de relajo y conversación con nuestro amigo Albert en su tienda, mientras en el exterior caía una nieve ratonera acompañada de un frío, que nos obligo a  replegarnos a nuestra carpa, para conseguir el necesario calor corporal. En esa fecha tan señalada cenamos una triste sopa de champiñones con arroz, que sin embargo nos supo a gloria, rememorando las celebraciones y ritos que cumplimos con nuestros familiares y amigos, con cierta morriña, la melancolía se apoderó un tanto de nosotros al intentar escudriñar como lo estarían pasando nuestros seres queridos en torno a la mesa, unos con nuevos miembros y otros con futura celebración de boda, todos felices y contentos con miras hacia un futuro mejor, agradeciendo toda  una vida plena y llena de cariño, y suponemos también echándonos en falta como el turrón del almendro.
Brindamos con un preparado de bebida a base de polvos, mientras el campamento estaba plagado de americanos festejando el Christmas con el vino peleón en brick del lugar. Y con esa sensación de tristeza pero con la mirada puesta en la meta final, nos fuimos pronto a nuestros sobres.

Al día siguiente nos levantamos a eso de las 4 de la madrugada para ver amanecer en las Torres, y aunque al levantarnos estaba muy nublado y parecía que no veríamos nada, tras un duro ascenso a oscuras, con el tintineo de las linternas de lxs madrugadorxs como nosotrxs, entre pedrascos, riachuelillos, llegamos a la Laguna Torres, lugar donde descargan las aguas y nieves las imponentes aguas de las famosas Torres del Paine. Abriéndose un claro entre las nubes que permitió disfrutar de tan increíble visión, capturando por un breve tiempo, de no más de media hora, tan maravilloso momento, unos cuantos elegidos en silencio ante la majestuosidad de la naturaleza, con unos espléndidos haces de luz que incendiaron de tones rojizos y anaranjados las cumbres, contrastando con el azul de la laguna. Y tal como el cielo se abrió se volvió a cerrar, invitándonos a regresar al campamento para desayunar tranquilamente y desmontar las carpas.

El tramo final suponía un mero trámite hasta la salida del parque, sin embargo la naturaleza cambiante del tiempo nos hizo sufrir en los kilómetros finales, con una lluvia cada vez más fuerte, que término por calarnos completamente, y que llego a convertirse en una copiosa nevada, una vez al abrigo de las oficinas de administración del parque.

El regreso a la casa de puerto natales, lo hicimos en un bus privado al que conseguimos negociar el precio por una cantidad simbólica. Mientras observábamos perplejos la fuerza de la naturaleza que en poco tiempo había logrado cubrir de nieve los pastos, y convertía a los guanajos en singulares ciervos moteados, acorde con una estampa navideña.

Sin duda la experiencia ahondo en nosotros un vivo recuerdo, no solo por el paisaje y los momentos vividos, si no también por el esfuerzo y las ansias de superación realizadas. Acercándonos a una naturaleza casi virgen, a la que hay que respetar y procurar preservar, pero también sabiendo tomar la debidas y necesarias precauciones, ya que tiempo después nos enteramos que el mismo día de nuestra partida del parque, había fallecido una chica israelita por hipotermia, todo una nota triste que se podría a ver evitado sabiendo como actuar en estos casos.

martes, 12 de enero de 2016

PUNTA ARENAS

PUNTA ARENAS

Salimos a eso de las 8 de casa de Arif, para no perder tiempo y ponernos en la ruta, fuimos desayunando por el camino. Tuvimos suerte y al poquito de salir, un chico nos acercó hasta el puesto de policía situado a la salida del pueblo. Allí nos registramos y comunicamos que íbamos a hacer dedo y nos pusimos del otro lado del puesto.

Al poquito nos levantó un camionero que iba hasta Río Grande a cargar corderos para las fiestas navideñas. De allí otro señor nos ubicó en la ruta dirección Punta Arenas, y allí nos tocó esperar cerca de 3 horas, hasta que apareció "El Pela", con su camión  y nos invitó a subir. Charlamos, tomamos mate y conseguimos llegar a la barcaza a eso de las 21, tras un loco camino lleno de incómodo ripio.

Ahora tocaba pasar la barcaza. Entramos caminando, y conocimos a un chico chileno, Cristian, que era de Punta Arenas y trabajaba en la petrolera, él nos comentó que aunque era tarde seguro nos levantaba alguien hasta Punta Arenas y eso nos animó.

Una camionero nos acercó a lxs tres hasta el cruce y allá nos pusimos a esperar, y desesperar. Pocos eran los coches que pasaban y los que lo hacían ni nos miraban. Cayó la noche y con ella el frescor, y la necesidad de ponernos capa sobre capa para paliarlo.

De repente, un camionero al que debimos dar mucha lástima, nos levantó y llevó hasta nuestro destino. Llegamos a eso de las 0:30, y aún nos tocaba buscar alojamiento, pero ya estábamos allí, y eso era lo importante!!

Preguntamos en un par de hostel y finalmente nos quedamos en uno, un poco caro pero no estábamos para más.

Duchita, colada y cama tras un largo día en la ruta. Que duró es esto de viajar!!

USHUAIA, el fin del mundo!!

USHUAIA, EL FIN DEL MUNDO!!

Nos costó situarnos en la ruta. Caminamos y caminamos, nos colócanos en diversos lugares, pero ninguno parecía ser el más acertado, hasta que ya, agotadxs por el peso de las mochilas y la caminata, decidimos no avanzar más y probar suerte. Solo 250km nos separaban del tan ansiado "fin del mundo", aunque parecían  resistirse por momentos.

Tras un largo tiempo de espera, un chico de Ushuaia, que viajaba a visitar a su hijo, nos levantó y llevó hasta nuestro destino. Llegamos sobre las 14h.

Allá teníamos un couchsurfer, Arif, pero tras varias conversaciones y parecer que todo iba bien, en el último momento nos dejó un poco colgadxs, según nos dijo por el momento no podía acogernos, por lo que buscamos alojamiento para un par de noches.

Dejamos nuestras mochilas en el hostel y nos fuimos a comprar a la anónima, cadena de súper del sur. Preparamos algo de comer y nos fuimos a visitar al chico de couchsurfing. Nos comentó que nos podría recibir en su casa a partir del viernes.

Aprovechamos para pasear por el pueblo, rodeado de montañas eternamente nevadas y llena de turistas atraídos por el sueño de estar en los últimos confines del mundo.

Nos informamos de los atractivos del pueblo y alrededores y nos organizamos para el día siguiente.

Nos levantamos a buena hora y nos preparamos para visitar el glaciar Martial, el terreno estaba húmedo debido a la nevada de la semana anterior a nuestra llegada, por lo que yo con mis zapatillas de correr como que un poco mal, por lo que no pude subir del todo. Un lindo paisaje blanco se abría ante nuestras narices, y merecía la pena disfrutarlo.

Como el paseo no demoró demasiado tiempo, hicimos gabinete de crisis para ver a qué dedicábamos el resto del día, y decidimos  ir a la Laguna Esmeralda, recomendación de una compañera de hostel.

El día pareció abrirse y dedicarnos el más precioso sol y temperatura más agradable posible.

Para llegar hasta allá debíamos ir en auto, y como ya es sabido que no teníamos, probamos a sacar el dedo y conseguimos llegar de dos veces.

Caminamos entre grandes árboles y frondosos bosques, sorteamos como pudimos las zonas de turba, paseamos entre flores silvestres y respiramos aire puro, y tras algún que otro resbalón, llegamos a la preciosa laguna Esmeralda con un azul tan increíble, que es el que daba nombre a la laguna. Al fondo, una gran montaña nevada hacía contraste con la laguna.

Nos tumbamos y quedamos eclipsadxs, disfrutando de ese mágico instante, tan intenso, que cuando lo pienso aún se me pone la piel de gallina.

Al día siguiente fuimos al parque nacional de Tierra del Fuego. Un chico, muy amablemente, nos acercó hasta allá. Visitamos una pequeña catarata que había antes del parque en sí, y de ahí comenzamos a caminar y caminar sin a penas descansar, tratando de llegar a todos los lugares posibles y hacer todos los senderos marcados en el mapa.

Visitamos también Bahia La Pataia, lugar donde termina la ruta 3 y aparecen los kms que lo separan de Buenos Aires.

Acabamos reagotadxs, y al ver una pareja con un niño que se montaba en su auto con la intención de regresar a Ushuaia, les preguntamos si no les importaría que fuéramos con ellxs y para nada sino todo lo contrario, nos acercaron con todo el gusto del mundo.

Pasamos por el laburo de Arif, esa noche, por fin, nos quedábamos en su casa. Salía de currar a las 20:30, así que quedamos en esperarle en el hostel. Cuando pasó a recogernos, hicimos compra y fuimos a su casa. Nos preparó unas ricas tortas de verduras. Charlamos, comimos, tomamos una rica birra y disfrutamos de una agradable velada. Lástima que nos fuéramos al día siguiente y no hubiéramos podido pasar algo más de tiempo.