Punta del Diablo
Es una maravillosa localidad a la que llegamos haciendo dedo en la ruta principal, de donde fuimos levantados por una pareja, viajando en la parte trasera de una pick-up con solera.
Una vez allí nos esperaba nuestro gran anfitrión Joaquin, abriéndonos su casa y la posibilidad de disfrutar de tan recóndito lugar. Aconsejándonos las playas y sitios que no debíamos perder, y manteniendo siempre las mas animadas conversaciones sobre musica, humor, política, vida ...
Durante nuestra estancia visitamos las distintas playas próximas como Playa Grande, del Rivero, de la Viuda y de los Pescadores, bañándonos en cuanto fue posible, ya que la mayoría del tiempo el cielo no acompañaba.
Sin embargo, este contratiempo no fue obstáculo para disfrutar de tan maravilloso paraje, realizando largas caminatas hasta la reserva de Santa Teresa, primero a través de las distintas playas y siempre alerta oteando el horizonte, para localizar el soplido de alguna ballena austral, ya que en el lugar se puede avistar este tipo de ballenas, incluso en el mes de nuestra estadía, el mes de Noviembre. Lamentablemente no tuvimos la oportunidad de hallar tan singular espectáculo, aunque si pudimos participar en el salvamento de una tortuga marina que estaba varada en la costa boca abajo, devolviéndola al agua y con ello esperamos salvándole de una posible muerte. Ademas de observar el navegar de las toninas junto a un espigón de la costa, mostrando su aleta dorsal de color negro y perdiéndose en la lejanía del mar atlántico.
Podria llenar docenas de paginas con descripciones de hermosos tramos de esa región, por los cuales pase aquel día, pero debo declararme culpable de una insuperable aversión por este tipo de escritura. Después de esta cándida confesión, espero que el lector no se querellé conmigo por la omisión; además, quienquiera que guste de esas descripciones, y que sepa hasta que punto son evanescentes las impresiones que los cuadros verbales dejan en la memoria, puede navegar por los mares y galopar alrededor del mundo para ver todo eso por sí mismo... Háganme discursear sobre valles profundos, encumbradas alturas sobre tierras áridas, o bosques umbríos, o frescos cursos de agua donde bebí, y me refresqué, pero todos esos lugares, agradables o lóbregos, deben pertenecer al reino llamado corazón.
Podria llenar docenas de paginas con descripciones de hermosos tramos de esa región, por los cuales pase aquel día, pero debo declararme culpable de una insuperable aversión por este tipo de escritura. Después de esta cándida confesión, espero que el lector no se querellé conmigo por la omisión; además, quienquiera que guste de esas descripciones, y que sepa hasta que punto son evanescentes las impresiones que los cuadros verbales dejan en la memoria, puede navegar por los mares y galopar alrededor del mundo para ver todo eso por sí mismo... Háganme discursear sobre valles profundos, encumbradas alturas sobre tierras áridas, o bosques umbríos, o frescos cursos de agua donde bebí, y me refresqué, pero todos esos lugares, agradables o lóbregos, deben pertenecer al reino llamado corazón.
LA TIERRA PUPUREA William Henry Hudson / Guillermo Enrique Hudson
En nuestra visita al parque natural de santa Teresa, al llegar al fuerte disfrutamos de la agradable compañía de un nuevo amigo de nacionalidad italiana llamado Davide, que estaba por la zona paseando un tanto solo y que nos pidió acompañarnos por nuestro pasear por el lugar. Fue así como, sin darnos cuenta debido a nuestra animada conversación, llegamos a la Pajarera, una especie de zoológico gratuito, donde pudimos observar las especies propias del lugar como el carpincho o capivara, presentes en las monedas uruguayas. Compartiendo su ambiente con otro animales como carneros, jabalíes, avestruces, llamas, ponis y burros. Por supuesto existía una zona destinada a la exposición de aves, y caimanes, pero que nos llamo menos la atención, por haberlos visto con anterioridad.
Continuando nuestro vagar llegamos a la zona del Invernáculo y Sombráculo, ademas de una zona de observación de las aves presentes en el lago de las proximidades.
Por las noches aprovechamos para disfrutar de unos maravillosos cielos estrellados, siempre que el tiempo acompañaba, ademas del deleite con la curiosa atracción que producen la gran cantidad de luciérnagas que se encuentran y que gracias a la escasa contaminación lumínica, permiten mostrarse en gran esplendor.
La ultima noche en Punta del Diablo, fue amenizada con un buen concierto de rock en directo, ofrecido por la banda de nuestro anfitrión, que tocaba la batería, mientras nosotros nos encargábamos de los fogones y la preparación de una buena cena, todo ello regado con unas cuantas cervezas.
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